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viernes, 7 de mayo de 2010

La casa de los Espiritus, capitulos 9 y 10

1. “Por eso, Alba creció con la idea de que la normalidad era un don divino” (168). Está de acuerdo con este punto de vista?

Alba cree ser normal por haber estado criado en un mundo separado de la realidad. La casa de la esquina es el antitesis de la normalidad. Para alguien como yo que está leyendo el libro, está muy evidente que cada personaje en la familia Trueba es un ser único. Se puede decir que muestran la diversidad chilena, pero son indudablemente manifestaciones extremas. Esteban Trueba es el patrón arquetípico. Su esposa se parece a un hada clarividente. Allende la caracteriza así para mostrar una niña relativamente normal en un mundo de caos relativo. Por ser normal, existe como el partido sin comentarios sobre la sociedad chilena actual. Sus parientes demuestran las opiniones variantes de los chilenos. Y por supuesto, criada con esta gente como representación de la vida regular, Alba cree ser normal. Y comparada a su familia, sí así es, pero en la sociedad chilena, no lo es.

Toda su familia le ha contado a Alba que es ella una chica del cielo, con buena fortuna gracias a los significados de las estrellas. La gracia del cielo le presenta a Alba el sentimiento de que está bendita con el don de la normalidad porque su familia anormal le dice que lo tiene. Pero realmente, por la locura inmensa de sus parientes, Alba es solamente menos rara. Por eso, a pesar de su enajenación de la sociedad común, va a creer ser normal y va a creer que su mundo es uniforme. Con esta buena crianza, sí ser normal es algo bueno, pero es un caso único. Su normalidad es por estar sola en su mundo irreal, y solo existe debido a su situación.

jueves, 29 de abril de 2010

La Casa de los Espiritus, capitulos 7 y 8

1. Relacione la siguiente excerpta del capítulo VI con las ideas del amor propuestas por Paz en El Laberinto de la Soledad:

“No había disminuido el deseo que tuve de ella al casarme, quería poseerla completamente, hasta su ultimo pensamiento, pero aquella mujer diáfana pasaba por mi lado como un soplo y aunque la sujetara a dos manos y la abrazara con brutalidad, no podía aprisionarla. Su espíritu no estaba conmigo.” (190).

En lugar de hacer un ensayo típico, con la forma de más o menos cinco párrafos, yo elegí unas excerptas del libro El Laberinto de la Soledad por Octavio Paz y las relacioné a esta cita de La Casa de los Espíritus.

“El amor es una tentativa de penetrar en otro ser, pero sólo se puede realizarse a condición de que la entrega sea mutua” (63).

Esto sirve para una buena definición del amor. La idea del amor está muy vaga, pero esta frase delinea su necesidad de un sentimiento compartido. El amor se brota cuando dos personas se dedican al otro. Y que sin una entrega mutua, es imposible que surja un amor verdadero. Existiría más como una infatuación sin el reconocimiento de uno de los dos partidos involucrados. O sea que si un hombre se enamora de una mujer, pero esta mujer no se siente igual, no puede que haya un amor. Y esta idea de que el amor tiene que llevarse con el rasgo del “común” demuestra que Esteban Trueba y su mujer Clara nunca se habrían enamorado. Trueba no habría conseguido el amor de Clara por comprarle regalos u ofrecerle la vida de una rica, porque sin la entrega o la dedicación espiritual de la Clara, sus sentimientos no son nada más que anhelos caprichosos. Él se pone desesperado a la vez, pensando que si no la puede cortejar con su coquetería de plata, tendrá que recurrir al arma más poderoso del hombre: la brutalidad. Pero en el caso del amor, tampoco sirve la violencia. Trueba puede agarrarla y sacudirla, pero como él dice, no podrá coger su espíritu: “Su espíritu no estaba conmigo.” Trueba esculpe su mujer como objeto, algo tangible que busca un dueño. Él quiere poseerla, no quiere amarla.

“El mexicano puede doblarse, humillarse, “agacharse”, pero no “rajarse”, esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad” (51).
“Cuando nos enamoramos nos “abrimos”, mostramos nuestra intimidad… él que sufre de amor exhiba sus heridas ante la que ama” (62).

Juntas, estas dos citas muestran porque Esteban Trueba no puede adueñarse de su mujer como quiera. Ya que ni reconoce el amor, ya que trata la Clara como una cosa, estas frases explican que el mexicano, pues en este caso el chileno (con rasgos similares al mexicano), vive en un mundo que demanda la cerrada de la intimidad del hombre. No se puede rajar para mostrar la intimidad. Cada persona vive en la soledad; nacemos solos, morimos solos. Y por eso buscamos a otro, a la media naranja, como lo hace Trueba. Aunque la naturaleza lo ha puesto solo y cerrado, manifiesta los deseos de estar con otro. A la vez, Paz nos cuenta que el amor requiere un desgarramiento de la máscara del hombre; solo se puede conseguir el amor por la abertura mutua. Pero Trueba, fijado en su hombría, no puede entender que las llagas de su interior y su carácter puro le van a ganar el amor.

viernes, 12 de marzo de 2010

La Casa de los Espiritus, capitulos 1 y 2

Se me olvidó la segunda pregunta pero me acuerdo de que tiene que ver con el monólogo de Esteban Trueba en las páginas 42 hasta 43, entonces he aquí mis comentarios sobre este pasaje:

Este monólogo muestra la percepción falsa y la soberbia de los patrones terratenientes en América Latina. En esta diatriba, Esteban Trueba rechaza la noción que es mal patrón y a través de esta negación manifiesta enteramente los rasgos característicos de la clase alta en América Latina.

Se ve en este monólogo la caracterización que Esteban Trueba le asigna a la gente que trabaja en su propiedad. Yo anoto que le refiere a ella como “su” gente. Por llegar a su propiedad familial y declararse a sí mismo el patrón, Trueba cree que se ha adueñado de una gente. En sus ojos, es como un grupo esclavos; ni tiene sueldos. No sólo se muestra esta idea del derecho superior de Esteban Trueba por sus acciones, pero también en su diatriba contra el comunismo y acusaciones hechas a él del maltrato. Así caracteriza “su” gente: “«No se dan cuenta que esta pobre gente no tiene cultura ni educación, no pueden asumir responsabilidades, son niños… son muy ignorantes»” (42). Trueba la caracteriza como una gente subordinada o un salvaje. También alude a la niñez de esta gente, diciendo que “son niños” e implicando que él es el padre, y a la vez mostrando su altivez. De ahí brota más la idea de su autoridad. Esteban Trueba cree que aunque sea madura su gente, por su falta de instrucción realmente es una gente desigual; cree que sus derechos deben ser parecidos a los del niño. Él debe dominarla como niño. Esteban Trueba se ríe de la idea de la igualdad: “«Sería muy lindo que fuéramos todos iguales, pero no lo somos»” (43). Pues la igualdad sólo se crea por las definiciones puestas a ella por alguien, y en este caso ni hay unas definiciones, y por esta apatía de Trueba por definirla no existe la igualdad.

Esteban Trueba también renuncia el comunismo, bajo la impresión que es un movimiento de obreros mudos: “«Ideas bolcheviques para soliviantarme a los inquilinos»“ (42). Sigue él con su retórica apoyando la tontería de los campesinos y rechazando al comunismo. Trueba cree que sin que llegara él, se habría desaparecido toda esa gente. Sin su patrón, la gente evaporaría. Después Esteban Trueba expresa la creencia arquetípica a la clase alta de América Latina: “«¡No saben [los trabajadores] limpiarse el traste y quieren derecho a voto! Si no saben donde están parados, ¿como van a saber la política? Son capaces de votar por los comunistas…»” (42). Lo que teme Trueba es que sus inquilinos se enteren del movimiento comunismo y se rebelen contra él. A pesar de su gran estupidez, al fin y al cabo esta gente es como niños, y entonces manifiesta todos los rasgos de la niñez, inclusive la veleidad. Gabriel García Márquez explica muy bien esta volubilidad en su obra La Crónica de una Muerte Anunciada, cuando Clotilde Armenta se entera de los rostros de los gemelos que llegaron a ser asesinatos: “«Parecían dos niños», me dijo. Y esa reflexión la asustó, pues siempre había pensado que sólo los niños son capaces de todo” (58). Esteban Trueba no puede adivinar la próxima acción de su “niños,” así que para tranquilizarlas sigue fiel a los principios de cada terrateniente o rico latinoamericano: “«Aquí lo que se necesita es un gobierno fuerte, un patrón fuerte»” (43). Aunque han sobrevivido por muchos años, Trueba está seguro que sin su presencia, los inquilinos se echarían a perder.

Esteban Trueba dice que quiere mejorar la vida de su gente, pero sus motivos para la reforma solo existen para que se parezca él al patrón perfecto e infalible. Cita unos ejemplos de su generosidad, pero a mí me parece que estas acciones son más como maneras de mostrar una bondad falsa. Trueba menciona unos mejoramientos que se realizaron bajo su dominación: “«[Los inquilinos] tienen casas de ladrillo, me preocupo de sonar los mocos y quitar los parásitos a sus chiquillos, de llevarles vacunas y enseñarles a leer»” (42). Aunque sí ha mejorado la vida de los trabajadores, Trueba realmente hizo estos cambios para su propia ventaja. Quiere que su propiedad se enriquezca por su reforma, y todas sus acciones tienen el fin de ganarle más dinero o hacerle parecer el patrón más cuidadoso. Se ve esta codicia en sus comentarios siguientes: “«He trabajado tan bien, que ya compré los dos fundos vecinos y esta propiedad es la más grande y la más rica de toda la zona, la envidia de todo el mundo, un ejemplo, un fundo modelo»” (43). Esteban Trueba sólo mejora las condiciones de su rancho para que produzcan más los inquilinos y valga más la propiedad. Si no hubiera que obtener estos fines, ni se preocuparía él de los problemas más severos de la gente.

Me parece que Isabel Allende incluyó este monólogo para demostrar la quintaesencia del capitalismo, del jefe chileno, de los ricos y terratenientes latinoamericanos. Esteban Trueba manifiesta todas las características de la clase alta de América Latina. Trata a sus inquilinos como bestias, rechaza la idea de la igualdad, mejora la vida de su gente sólo para apariencia y su bienestar, y a él le disgusta el comunismo. Allende quiere mostrar la falsa ilusión de derecho del patrón estereotípico de esta época.