viernes, 12 de marzo de 2010

La Casa de los Espiritus, capitulos 1 y 2

Se me olvidó la segunda pregunta pero me acuerdo de que tiene que ver con el monólogo de Esteban Trueba en las páginas 42 hasta 43, entonces he aquí mis comentarios sobre este pasaje:

Este monólogo muestra la percepción falsa y la soberbia de los patrones terratenientes en América Latina. En esta diatriba, Esteban Trueba rechaza la noción que es mal patrón y a través de esta negación manifiesta enteramente los rasgos característicos de la clase alta en América Latina.

Se ve en este monólogo la caracterización que Esteban Trueba le asigna a la gente que trabaja en su propiedad. Yo anoto que le refiere a ella como “su” gente. Por llegar a su propiedad familial y declararse a sí mismo el patrón, Trueba cree que se ha adueñado de una gente. En sus ojos, es como un grupo esclavos; ni tiene sueldos. No sólo se muestra esta idea del derecho superior de Esteban Trueba por sus acciones, pero también en su diatriba contra el comunismo y acusaciones hechas a él del maltrato. Así caracteriza “su” gente: “«No se dan cuenta que esta pobre gente no tiene cultura ni educación, no pueden asumir responsabilidades, son niños… son muy ignorantes»” (42). Trueba la caracteriza como una gente subordinada o un salvaje. También alude a la niñez de esta gente, diciendo que “son niños” e implicando que él es el padre, y a la vez mostrando su altivez. De ahí brota más la idea de su autoridad. Esteban Trueba cree que aunque sea madura su gente, por su falta de instrucción realmente es una gente desigual; cree que sus derechos deben ser parecidos a los del niño. Él debe dominarla como niño. Esteban Trueba se ríe de la idea de la igualdad: “«Sería muy lindo que fuéramos todos iguales, pero no lo somos»” (43). Pues la igualdad sólo se crea por las definiciones puestas a ella por alguien, y en este caso ni hay unas definiciones, y por esta apatía de Trueba por definirla no existe la igualdad.

Esteban Trueba también renuncia el comunismo, bajo la impresión que es un movimiento de obreros mudos: “«Ideas bolcheviques para soliviantarme a los inquilinos»“ (42). Sigue él con su retórica apoyando la tontería de los campesinos y rechazando al comunismo. Trueba cree que sin que llegara él, se habría desaparecido toda esa gente. Sin su patrón, la gente evaporaría. Después Esteban Trueba expresa la creencia arquetípica a la clase alta de América Latina: “«¡No saben [los trabajadores] limpiarse el traste y quieren derecho a voto! Si no saben donde están parados, ¿como van a saber la política? Son capaces de votar por los comunistas…»” (42). Lo que teme Trueba es que sus inquilinos se enteren del movimiento comunismo y se rebelen contra él. A pesar de su gran estupidez, al fin y al cabo esta gente es como niños, y entonces manifiesta todos los rasgos de la niñez, inclusive la veleidad. Gabriel García Márquez explica muy bien esta volubilidad en su obra La Crónica de una Muerte Anunciada, cuando Clotilde Armenta se entera de los rostros de los gemelos que llegaron a ser asesinatos: “«Parecían dos niños», me dijo. Y esa reflexión la asustó, pues siempre había pensado que sólo los niños son capaces de todo” (58). Esteban Trueba no puede adivinar la próxima acción de su “niños,” así que para tranquilizarlas sigue fiel a los principios de cada terrateniente o rico latinoamericano: “«Aquí lo que se necesita es un gobierno fuerte, un patrón fuerte»” (43). Aunque han sobrevivido por muchos años, Trueba está seguro que sin su presencia, los inquilinos se echarían a perder.

Esteban Trueba dice que quiere mejorar la vida de su gente, pero sus motivos para la reforma solo existen para que se parezca él al patrón perfecto e infalible. Cita unos ejemplos de su generosidad, pero a mí me parece que estas acciones son más como maneras de mostrar una bondad falsa. Trueba menciona unos mejoramientos que se realizaron bajo su dominación: “«[Los inquilinos] tienen casas de ladrillo, me preocupo de sonar los mocos y quitar los parásitos a sus chiquillos, de llevarles vacunas y enseñarles a leer»” (42). Aunque sí ha mejorado la vida de los trabajadores, Trueba realmente hizo estos cambios para su propia ventaja. Quiere que su propiedad se enriquezca por su reforma, y todas sus acciones tienen el fin de ganarle más dinero o hacerle parecer el patrón más cuidadoso. Se ve esta codicia en sus comentarios siguientes: “«He trabajado tan bien, que ya compré los dos fundos vecinos y esta propiedad es la más grande y la más rica de toda la zona, la envidia de todo el mundo, un ejemplo, un fundo modelo»” (43). Esteban Trueba sólo mejora las condiciones de su rancho para que produzcan más los inquilinos y valga más la propiedad. Si no hubiera que obtener estos fines, ni se preocuparía él de los problemas más severos de la gente.

Me parece que Isabel Allende incluyó este monólogo para demostrar la quintaesencia del capitalismo, del jefe chileno, de los ricos y terratenientes latinoamericanos. Esteban Trueba manifiesta todas las características de la clase alta de América Latina. Trata a sus inquilinos como bestias, rechaza la idea de la igualdad, mejora la vida de su gente sólo para apariencia y su bienestar, y a él le disgusta el comunismo. Allende quiere mostrar la falsa ilusión de derecho del patrón estereotípico de esta época.

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