1. Relacione la siguiente excerpta del capítulo VI con las ideas del amor propuestas por Paz en El Laberinto de la Soledad:
“No había disminuido el deseo que tuve de ella al casarme, quería poseerla completamente, hasta su ultimo pensamiento, pero aquella mujer diáfana pasaba por mi lado como un soplo y aunque la sujetara a dos manos y la abrazara con brutalidad, no podía aprisionarla. Su espíritu no estaba conmigo.” (190).
En lugar de hacer un ensayo típico, con la forma de más o menos cinco párrafos, yo elegí unas excerptas del libro El Laberinto de la Soledad por Octavio Paz y las relacioné a esta cita de La Casa de los Espíritus.
“El amor es una tentativa de penetrar en otro ser, pero sólo se puede realizarse a condición de que la entrega sea mutua” (63).
Esto sirve para una buena definición del amor. La idea del amor está muy vaga, pero esta frase delinea su necesidad de un sentimiento compartido. El amor se brota cuando dos personas se dedican al otro. Y que sin una entrega mutua, es imposible que surja un amor verdadero. Existiría más como una infatuación sin el reconocimiento de uno de los dos partidos involucrados. O sea que si un hombre se enamora de una mujer, pero esta mujer no se siente igual, no puede que haya un amor. Y esta idea de que el amor tiene que llevarse con el rasgo del “común” demuestra que Esteban Trueba y su mujer Clara nunca se habrían enamorado. Trueba no habría conseguido el amor de Clara por comprarle regalos u ofrecerle la vida de una rica, porque sin la entrega o la dedicación espiritual de la Clara, sus sentimientos no son nada más que anhelos caprichosos. Él se pone desesperado a la vez, pensando que si no la puede cortejar con su coquetería de plata, tendrá que recurrir al arma más poderoso del hombre: la brutalidad. Pero en el caso del amor, tampoco sirve la violencia. Trueba puede agarrarla y sacudirla, pero como él dice, no podrá coger su espíritu: “Su espíritu no estaba conmigo.” Trueba esculpe su mujer como objeto, algo tangible que busca un dueño. Él quiere poseerla, no quiere amarla.
“El mexicano puede doblarse, humillarse, “agacharse”, pero no “rajarse”, esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad” (51).
“Cuando nos enamoramos nos “abrimos”, mostramos nuestra intimidad… él que sufre de amor exhiba sus heridas ante la que ama” (62).
Juntas, estas dos citas muestran porque Esteban Trueba no puede adueñarse de su mujer como quiera. Ya que ni reconoce el amor, ya que trata la Clara como una cosa, estas frases explican que el mexicano, pues en este caso el chileno (con rasgos similares al mexicano), vive en un mundo que demanda la cerrada de la intimidad del hombre. No se puede rajar para mostrar la intimidad. Cada persona vive en la soledad; nacemos solos, morimos solos. Y por eso buscamos a otro, a la media naranja, como lo hace Trueba. Aunque la naturaleza lo ha puesto solo y cerrado, manifiesta los deseos de estar con otro. A la vez, Paz nos cuenta que el amor requiere un desgarramiento de la máscara del hombre; solo se puede conseguir el amor por la abertura mutua. Pero Trueba, fijado en su hombría, no puede entender que las llagas de su interior y su carácter puro le van a ganar el amor.